¿Qué fueron antes los artistas interdisciplinares o los innovadores disruptivos?

Los artistas interdisciplinares como Da Vinci, los innovadores disruptivos como Elon Musk y los polímatas, gente que es buena en varios saberes no directamente relacionados, tienen raíces comunes. Tienen los mismos padres. A esta conclusión llega un novedoso estudio sobre polimatía de la Universidad de Deusto que ha caído en mis manos: “Polímatas, un estudio para entender el fenómeno que llevó el genio humano a sus cotas más altas durante el Renacimiento y por qué va a volver a brillar en la era digital”. Eso no sería especialmente relevante en un mundo en el que los grandes cambios se adoptasen en el tranquilo transcurrir del tiempo. Pero cobra gran significado en realidades aceleradas como la nuestra.

Castillo de Vilafamés. Fotografía gentileza de José Monzó (Facebook)

Desde la primera revolución industrial los humanos dejamos de trabajar directamente con las manos. Nuestra cabeza empezó a recibir menos experiencias directas y más estímulos concretos. No nos ha ido nada mal como especie. El problema es que el tiempo se ha ido haciendo más corto entre revoluciones industriales. Hasta el punto que en la actual transformación digital, los nuevos años 20 en el siglo XXI (que yo llamo segunda gran ola digital para distinguirla de la primera ola de Internet, en el 2000), las tecnologías con potencial disruptivo son tantas que interpretar los retos para la empresa y la sociedad es un verdadero lío. Se precisa cerca alguien con cabeza de polímata.

Dicho de otra manera: la década de 2020 en la que estamos a punto de entrar es un enorme y exuberante jardín en el que abundan exóticas tecnologías, apreciadas por su unicidad porque a la admiración por su valor todavía no se ha llegado. Está abarrotado: todas son tecnologías con alguna posibilidad de promover cambios; y por tanto de hacer que sigamos viviendo mucho mejor que las generaciones que nos precedieron (así es en teoría). ¿Si están todos los ingredientes que nos permitirían un mejor progreso, qué es lo que falta? Necesitamos alguien que les dé un sentido. Alguien que cuando ve un problema de naturaleza empresarial, social o económico sepa establecer las relaciones correctas entre el asunto y el rompecabezas de la solución que se encuentra en el copioso jardín de los conocimientos.

Que la cabeza polímata pueda “ver” y “llegar a un sentido práctico” es algo que fisiológicamente explica la neurología. Aunque el hemisferio derecho y el izquierdo están diseñados de fábrica para especializarse en una serie de funciones, se sabe que ambas zonas del cerebro se pueden comunicar, de forma que la “especialización lateral” haga que ciertas personas manejen con maestría ciencias y artes con poca relación entre sí. El estudio de Deusto es interesante a este respecto porque nos dice lo que la ciencia conoce para aventurar un nuevo caso clínico: los innovadores.

Los alumnos que han seguido mi curso de innovación y creación de buenas ideas siempre se sorprenden con el ejemplo que utilizo en clase para explicar la esencia del oficio del innovador visionario. Les cuento la historia del origen del plato fresas con nata. Esta curiosa combinación de alimentos se atribuye a un monje, Thomas Wolsey, en la Inglaterra de Enrique VIII. En aquel entonces era peculiar no porque era la primera vez que se hacía, sino porque se atrevió a romper estrictas reglas sociales. Las fresas eran un alimento abundante pero únicamente para los campesinos. Cualquier aristócrata o noble habría considerado una afrenta tener en su plato el postre que estaba destinado a sus criados. Sin embargo, Wolsey gestionaba un floreciente negocio de alojamiento para nobles y se había puesto tan de moda entre las clases altas que tenía problemas para servir el plato final que coronaba la copiosa comida que ofrecía a sus importantes clientes. Hasta que se le ocurrió la idea de añadir nata a las fresas, transformándolas así en un delicioso y sofisticado plato.

Solemos pensar que los hombres del Renacimiento son los únicos que tenían ocurrencias capaces de adelantarse a su tiempo. Sin embargo, el monje de la historia de las fresas con  nata no fue el único. Hay un suculento estudio histórico con los polímatas de todas las épocas desde las épocas antiguas a las modernas. Hubo polímatas antes del Renacimiento. Muchos, a decir de la investigación de Deusto Business School. Y la lista también ha sido extensa después de Da Vinci. En cada época los profesionales que destacaron en varias disciplinas usaron el saber, el conocimiento, las tecnologías o una mezcla de todas ellas de forma singular.

¿Se trata entonces de buscar los nuevos “superdotados” y emplearlos en los proyectos empresariales más candentes? ¿Qué pasa con los trabajadores que son muy buenos en su especialidad pero que nunca han sentido la llamada del pensamiento “lateral”? La parte final del informe Polímatas da respuestas plausibles. Un avance: romper con la super-especialización no es el camino. El consejo para los gestores de recursos humanos y los gerentes de empresa tiene más que ver con combinar talentos en el arte de la innovación.

Porque los especialistas son imprescindibles para realizar las ideas y porque los polímatas son necesarios para la generación de ideas. También se ofrece algo de luz sobre cuáles son los multi-saberes que identifican a alguien como polímata. Negocios, Ciencia, Digital, Aficiones, Arte y Deportes. Solo me queda animaros a realizar el test del polímata y haceros la siguiente pregunta: ¿Qué te ha ayudado a ver el test contigo mismo? ¿Y con tus empleados?

Gracias a Nacho Villoch, Paco Bree y Farés Chuliá por ponerme en la senda de la polimatía.

 

 

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