Los nombres dan contenido a la innovación

Foto: Portada del libro Mis primeras 1000 palabras

Es difícil nombrar algo que está en fase de creación. También pasa en etapas posteriores como la industrialización o la comercialización. Una frase que repito mucho es que no se puede entender hasta que no se da un nombre. El Internet de las cosas. Fintech. Herramientas de productividad para equipos remotos. Plataforma de éxito con los clientes. El espacio para crear, colaborar y compartir. La forma inteligente de moverse por una ciudad. Un coche del que serás usuario, no propietario. Ver series y películas en línea. Formularios y encuestas bellamente humanas. Suelos inteligentes que generan energía.

Escribe en uno de sus libros Martí Domínguez (sin relación familiar con la autora de este blog): “los nombres son los que dan contenido a un paisaje”. Los nombres son como los acentos: “ayudan a valorar un escenario” y a “recuperar la imagen de las cosas”.

Los diez nombres de la lista anterior generan una imagen que lleva al contenido de diez tecnologías o productos innovadores. Cuando no hay nombres, no hay paisajes que invocar.

Sin nombres cada interlocutor rellena el hueco como puede: con ideas propias, con dudas, con interpretaciones alejadas, con suposiciones. Ahorrar nombres lleva a paradojas como el gato de Schrödinger: la innovación está viva y muerta a la vez, lo mismo que el gato de la caja está vivo y está muerto al mismo tiempo mientras que no abramos la caja.

Nuestra creación, nuestra innovación ¿está viva o está muerta?

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