¿Quién gobierna el futuro? (Por qué leer a Jaron Lanier)

Las manifestaciones de las últimas semanas en distintas ciudades de varios países europeos en contra de Uber, uno de mis casos favoritos de innovación, y despiado tiburón para el gremio del taxi, me ha hecho acordarme de las teorías de Jaron Lanier en ¿Quién gobierna el futuro? (Who owns the future?, Free Pr, 2013).

Siempre que ha salido un nuevo producto rompedor (de los que tambalean los cimientos más sólidos) soy de las que se ponen del lado del PROGRESO. El progreso tiene un argumento universal: ese que dice que crear medidas políticas o económicas (barreras) para contrarrestar el avance de las nuevas industrias y la tecnología es igual a matar la innovación. Es el argumento que ha usado la máxima jefa de la defensa de la competencia y la ciudadanía europea, la comisaria Reding. También se lo he escuchado a algún que otro ministro de industria europeo.

Pero alguien te cuenta los requisitos legales y fiscales que, por ejemplo, un trabajador que quiera explotar un taxi debe asumir y no puedes dejar de pensar que algo de razón tienen ante el avance de servicios no regulados (no estoy de acuerdo en llamarlos alegales), como los de Uber.

Me hace preguntarme DÓNDE esté EL LÍMITE entre mi papel como agente de innovación y mi papel como ciudadana. Jaron Lanier tiene una teoría:

la tecnología, y especialmente Internet, ha sido muy buena para el desarrollo económico de nuestra sociedad, el problema es que sus últimos resultados están acabando con la clase media.

A los ojos de cualquier persona es MÁS FÁCIL ver caer (a manos de la tecnología) a grandes imperios que han usado a lo largo del tiempo el poder y todo tipo de artimañas económicas para poner barreras al resto de empresas.

Ahí está la industria de la música, los medios de comunicación, etc. Pero LA IMAGEN DUELE cuando se trata de oficios más modestos: un trabajador del taxi, un profesor de universidad, un kiosquero… Empleos que, en la última mitad del siglo pasado, los gobiernos de los países desarrollados se ocuparon de crear.

Estos oficios tenían una meta virtuosa. Garantizar unos ingresos regulares dignos, para los ciudadanos que optasen por ellos, mediante un modelo que establecía (regulaba) los requisitos de acceso, ya fuera en forma de licencias, exámenes o mecanismos legales del estilo.

La teoría de Jaron Lanier es un aviso a navegantes.

En el sector de medios de comunicación Internet hizo que un kiosco dejara de servir para que alguien se ganara la vida. Uber, que surgió en EEUU, donde lleva dos años de delantera respecto a Europa, empezó a proyectar un futuro similar para el gremio de clase media que conforman los taxistas. Todavía un ejemplo más: los profesores de universidad, ¿cuánto tardarán en convertirse en oficios prescindibles ahora que cualquier estudiante puede aprender de los mejores profesores del mundo en un curso online abierto y masivo (MOOC)?

Jaron Lanier no es precisamente un afecto al inmovilismo. Se define a sí mismo como friki. Su aspecto sin duda lo es: rastas, hacker erudito e ingeniero (aunque siempre me ha costado asumir que los ingenieros tenemos una pinta especial).

Cuenta esta anécdota: allá por los 80 fue con un grupo a tocar a un local. El se ocupaba de un artilugio similar a un sintetizador que mezclaba realidad virtual, pero como no era músico el sindicado del club americano le impidió tocar. Topó con el inmovilismo.

Con treinta años de diferencia la historia del sintetizador de Jaron Lanier y la del equipo de Uber con los taxistas es prácticamente la misma. Unas barreras que fueron concebidas (sindicatos, licencias, oposiciones…) para crear prosperidad entre una gran cantidad de personas, la clase media, son la espada de Damocles de sus propios negocios.

Se puede pasar tiempo con gente que está trabajando en la nueva forma de pensar. Se puede pasar tiempo con gente que trabaja por defender su estatus de clase media. En cada caso, es probable que te hagan pensar de forma diferente un rato. Algunos pueden ver en las ideas de Jaron alarmismo gratuito (¿ideas libertarias?) sobre el futuro de las personas en un mundo dirigido por las redes, Internet y la tecnología.

Lo bueno del libro de Jaron ¿Quién gobierna el futuro? es que presenta AMBOS argumentos: los que tratan a los emprendedores como héroes irremplazables, y los que presentan un mundo robotizado con escaso papel protagonista para las personas.

El último relato del libro es futurista y me ha hecho sonreír: para la vida dentro de 20 años las personas seguirán consumiendo. Eso son hay tecnología que lo quite.

No he visto (a junio de 2014) la versión en español de Who owns the future. Recomiendo esta entrevista con Jaron (en inglés con subtítulos, más corta que el libro):

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