Las cuentas de la innovación [sufragadas por fondos de capital riesgo]

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Siempre he creído que la mayor parte de las cifras que se publican sobre inversión en innovación son algo elucubrativas. Se conocen, con suerte, las partidas de presupuestos que las empresas contabilizan en el capítulo de investigación y desarrollo. Pero poco se sabe de si la aplicación comercial de ese esfuerzo investigador, es decir, la innovación, ha contado con financiación o no.

El presupuesto para innovación es una cifra muy importante en una empresa. Aunque contablemente pocas veces se refleje.

Esta gráfica que he encontrado por casualidad compensa con sus datos el desatino anterior. La información me ha parecido muy interesante porque muestra la evolución del dinero que ha entrado en las empresas tecnológicas, precisamente, para empujarlas como negocios, por parte de fondos de capital riesgo.

[Gráfica tomada de la última Presentación de Tendencias de Internet, de Mary Meeker, Kleiner Perkins Caufield & Byers]

Podemos suponer que dentro del nombre “compañía tecnológica” hay desde aplicaciones web, tecnologías de redes o de comercio electrónico hasta algoritmos para aplicaciones médicas o productos industriales como el coche sin conductor. Y por tanto tomarlo no como innovación de startups de Internet. Y sí como innovación a secas.

Me ha llamado la atención lo siguiente:

Los agoreros de la existencia de una segunda burbuja se han quedado desarmados.

En los últimos cinco años (2009-2013) se ha financiado un número similar de proyectos que los cinco años inmediatamente anteriores (2004-2009) [gráfico superior].

Además, el promedio de capital recibido tampoco se ha incrementado escandalosamente. De hecho, en 2013 esta cifra fue un 77% inferior al máximo ocurrido en la montaña rusa del 2000. Pero en 2008, la referencia fue exactamente la misma [gráfico inferior].

Internet ha aumentado las perspectivas de la innovación. Y mucho.

En la primera mitad de los 90 había cada año en USA unas 600-650 empresas tecnológicas que recibían financiación para sus innovaciones. En la segunda mitad, llega Internet y las cifras se disparan. En la famosa burbuja de 2000, el número de proyectos se habían multiplicado por 10. Pero pasó la tempestad y ahora llevamos los últimos cinco años con un número de acuerdos de algo más de 4 veces los que había en los primeros 90. Esto es, 2.500 – 2.700 empresas tecnológicas. ¡Bravo!

Internet también ha sido positivo para la inversión, que al igual que el número de proyectos invertidos, también ha crecido. Lo ha hecho en un factor de 4.

La última idea que he sacado ha sido esta:

La innovación cuesta poco. Pero el coste de la innovación no parece ajustarse al ritmo de la ley de Moore.

Lo dicen los datos.

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