El reloj y la brújula

Foto: Flickr, “Desorden recursivo”, usuario 69 R P M, cc.

Foto: Flickr, “Desorden recursivo”, usuario 69 R P M, cc.

Cuenta el director de un programa de mejora de competitividad para empresas medianas en el periódico que les cuesta agotar el presupuesto, por el bajo número de empresas interesadas. El programa incluye una subvención del 75% para acometer estas tareas estratégicas. La empresa que acepta no tiene que poner mucho dinero. Hay ejemplos contrastados y concretos de empresas que han implantado uno de esos programas estratégicos y han aumentado ventas. En el peor de los casos, al menos no ha bajado ventas. En definitiva, TODO ventajas.

Hay mucha gente que se ha detenido a estudiar lo que tiene el ADN de un líder, especialmente comparado con el de un gestor. Nos dicen que un gestor está preparado para el presente. Y que un líder está preparado para el futuro. Pero quizá lo más interesante no es si se puede aprender a pensar con perspectiva, a visualizar un objetivo final (los que enseñan liderazgo afirman que sí; yo, en una faceta empresarial más humilde como la gestión de innovación y desarrollo de modelos de negocio, también lo creo).

La gran barrera para mí es mucho más práctica y técnica.

¿Reloj o brújula?

Usar una brújula o cualquier otra herramienta útil de previsión (que no sea una bola de cristal) es INCÓMODO.

Utilizar un reloj o cualquier aplicación que nos guíe en un proceso es más FÁCIL.

Un reloj o un proceso nos dan (mejor) la sensación de saber qué tenemos entre manos. Una brújula, una previsión o un presupuesto son cosas más “antinaturales” de nuestro trabajo.

¿Hay entonces algún planteamiento correcto?

A mí me funcionan dos cosas:

Uso objetivos concretos, por ejemplo, ayudo a mis clientes a encontrar un nuevo mercado, un nuevo negocio gracias a una aplicación tecnológica o a acceder a un nicho de clientes con opciones de ingresos. Huyo de proyectos cuyo nombre sea “cambiar la organización para el futuro”, porque me costaría entenderlos.

La segunda es mantener la incertidumbre a raya, no poniendo en la mesa más elementos inciertos de los que una cabeza media puede manejar. Me obligo a usar métodos y procesos. A buscar métricas y establecerlas. Ellos me ayudan a dominar el miedo ante lo desconocido, como un faro encendido marca el límite entre la tierra firme y el abismo en una tempestad (entendiendo la tempestad como epítome de lo desconocido e incierto).

 

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