Preparados para la innovación desde las aulas

Foto: Flickr cc, jmremelo

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Cuando yo estudié ingeniería en la universidad, la innovación era cosa de grandes empresas. Aquellas que querían tener un papel empresarial relevante en la sociedad de consumo. Y en el mundo.

Eran las compañías telefónicas, los General Motors, IBM y Unilevel.

Para el empleado medio, la innovación era algo raro. Y los innovadores también.

La descripción de un puesto de trabajo no cambiaba mucho en años. Una de las razones: el mercado y las empresas tampoco lo hacían. Había grandes revoluciones, por ejemplo las que automatizaron los procesos de las industrias, pero después, el mercado permanecía tranquilo. Durante décadas.

No se el número de empresas que puede haber hoy con más de cuarenta años, pero se me antoja que no deben ser muchas. Hubiera llegado su momento o no, lo cierto es que la revolución digital de Internet ha acelerado la tasa de mortandad de muchos negocios. Otros han logrado seguir en pie después de una transformación radical.

Piensa por ejemplo en un gerente, un profesor y un economista, tres trabajos que podríamos considerar tipo. Así son hoy:

Para un gerente se han modificado las preguntas que dirigen su estrategia, entre otras cosas porque campos de industrias que antes eran ajenos compiten por el mismo consumidor; también ha cambiado la manera de gestionar las soluciones.

Para un profesor, cambian no sólo los contenidos del curso sino la forma de darlos (sin aulas).

Incluso el tranquilo trabajo de economista ha visto como se complica su tarea: tiene que dar soluciones económicas en tiempo real.

Pero en esta “industralización digital” los trabajos que no han quedado obsoletos no son suficientes.

La pregunta es ¿y se pueden inventar?

Hace algo más de un año (cuando el paro y la crisis ya apretaban en España) me invitaron a dar una charla para fomentar el emprendimiento como alternativa laboral. El enfoque que utilicé fue presentar seis PROFESIONES nuevas y únicas, que se podían llevar a la práctica a través de Internet, con los mismos principios de la filosofía hazlo tú mismo. La charla gustó mucho.

Hemos sido educados siempre para BUSCAR un trabajo. La idea de INVENTAR un trabajo es extraña, aunque haya muchos ejemplos de startups en los que fijarse.

Tony Wagner, especialista que trabaja en Harvard, acaba de escribir un libro sobre innovación y las aulas, donde explica cómo hacer que nuestros jóvenes adquieran esa capacidad de innovación: “Creating Innovators,The Making of Young People Who Will Change the World” (Creando innovadores: Cómo los jóvenes cambiarán el mundo).

Cuando leí su entrevista en el NYT marqué el párrafo que copio a continuación:

“Ya que el conocimiento está disponible en cada dispositivo con conexión a Internet, lo que sabes importa menos que lo que puedes hacer con lo que sabes. La capacidad de innovar, es decir la habilidad de resolver problemas de forma creativa o hacer que nuevas posibilidades vean la luz, así como habilidad para pensar de forma crítica, habilidad para la comunicación y la habilidad de colaborar son bastante más importantes que el conocimiento académico. Como un ejecutivo me dijo una vez: podemos enseñar el contenido a los nuevos empleados, y tenemos que hacerlo porque no deja de cambiar, pero no podemos enseñarles cómo pensar (a preguntar las preguntas adecuadas) y a tener iniciativa”.

 

¿La innovación, sólo para los innovadores?

Pues parece que NO.

La innovación es hoy una habilidad importante en el mercado laboral.

Aunque de una manera distinta a la que hablaba al principio. Para inventar el trabajo no basta con tener la mejor preparación académica. Hay que “salir de las aulas PREPARADOS para la innovación”.

 

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