Innovaciones tecnológicas no tan obvias: La historia de la rueda.

maletas con ruedasFoto: Flickr, usuario Pasotraspaso

Que los primeros coches imitasen al carro tirado por caballos, las primeras televisiones se pareciesen a una radio… o que en el siglo XIX se crease un teléfono, cuya utilidad consistía en radiar las noticias, son ejemplos que hoy nos parecen divertidos. En sus respectivos tiempos, sin embargo, eran soluciones “obvias”.

El modelo de innovación de una tecnología parte siempre de la anterior. Y esto además de arreglos curiosos como los ejemplos anteriores incluye una abultada lista de problemas cotidianos, que se han olvidado por el camino.

El escritor Nassim Taleb en este post, al que llego a través de este otro de Antonio Ortíz, enseña algunas de las sorprendentes paradojas en torno a la historia de una tecnología tan antigua como la rueda.

La primera curiosidad es que los mayas ya tenían ruedas.

No las usaban para mover los grandes bloques de piedra con los que construían las pirámides. Algo que hoy nos parecería obvio. ¿Dónde estaban las ruedas? En los juguetes de los niños (supongo que los que tuviesen la suerte de tener juguetes). Sí, parece que en las pirámides se empleaba únicamente fuerza humana, y la ayuda de troncos rodantes para desplazar la piedra, mientras que en las casas los niños tiraban de sus juguetes con ruedas.

La segunda paradoja es más actual. Si desde que existen los aeropuertos hay carros con ruedas para mover el equipaje de los pasajeros, ¿por qué hemos arrastrado nuestra propia maleta por interminables pasillos? ¿Por qué tardaron tanto en fabricarse las maletas con ruedas?

Cuando empecé a viajar por trabajo, a mediados de los 90, me compré un carrito portamaletas. Tenía una base en la parte inferior en la que colacaba mi maleta y una barra vertical a la que ataba. Lo usé en los aeropuertos durante cinco o seis años. Después aparecieron en las tiendas las maletas con ruedas.

Recuerdo otro caso de ruedas. Cuando hace años llegó el buzoneo publicitario a las grandes ciudades, el saco de los carteros empezó a engordar… Pesaba mucho. Un buen día unos carteros de Madrid se cansaron de recorrer los barrios con semejante peso. Cogieron de casa un viejo carro de la compra y a él sujetaban el zurrón de piel, obligatorio en su trabajo. Desde hace años todos los carteros reparten el correo en los carros que la empresa les proporciona.

Taleb dice que hay que romper el orden que hace surgir las innovaciones, porque las innovaciones tecnológicas sólo parecen obvias en retrospectiva.

De eso habla su nuevo libro Antifragile, things that gain from disorder” (Antifrágiles, cosas que ganan del romper el orden). Pienso que hay algo que comparten los paradójicos ejemplos de la rueda. Tiene que ver con lo que Van Hippel demostró antes: Los usuarios y consumidores son una importante fuente de innovación.

En la historia de la rueda las innovaciones que hoy nos parecen obvias fueron pensadas por el individuo que las necesitaba, antes que una empresa estuviera dispuesta a comercializarlas.

Así que he aquí otro motivo para observar a los consumidores con atención.

He recuperado una breve charla de Innovae 2009 en la que Alberto Knapp, de The Cocktail, cuenta el caso del teléfono del siglo XIX que “radiaba noticias” que mencioné al principio.

 

INNOVAE 2009 from The Cocktail on Vimeo.

 

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