La diferencia entre una buena idea y una mala idea

¿Por qué hay malas ideas que no parecen tan funestas, después de la comparación con otras buenas ideas?

Un ejemplo al vuelo: un buscador automático de Internet, que a diferencia de Linkedin, no sólo almacena los perfiles de candidatos a ofertas laborales, sino que es capaz de averiguar, de forma científica, qué profesionales tienen la experiencia y habilidades demostradas para el puesto.

Esta situación es más común de lo que podríamos pensar.

Buscar ideas innovadoras, que sean buenas para nuestro negocio, implica a su vez una acción de descarte. A lo largo del proceso de brainstorming vamos a quedarnos con unas ideas y desecharemos otras, las “malas”.

Pero distinguir entre una idea buena y una idea mala no es igual que hablar de blanco frente a negro.

He aquí tres maneras de seleccionar ideas:

Por sus atributos higiénicos.

Podemos decir que, de forma básica, toda buena idea cumple las cuatro reglas siguientes:

  1. Resuelve un problema.
  2. Es aplicable.
  3. Es relevante.
  4. Es entregable.

Pensemos, por ejemplo, en una solución para pagar con el móvil en comercios. Esta idea será interesante siempre que no obligue al consumidor a hacer las mismas y excesivas gestiones, o a pagar más comisiones, que a través de una oficina bancaria.

Pero que una idea resuelva un problema, sea aplicable, relevante y entregable no es condición suficiente para hacerla favorita en nuestra lista de ideas a emprender. Esta calificación provisional, a buen seguro, sufrirá cambios en función de quién realiza la selección.

Los emprendedores de su propio negocio contemplan ideas con las siguientes características:

  1. Original y novedosa.
  2. Tecnológicamente avanzada. Un ejemplo es la tendencia SoLoMo [SocialLocalMobile].
  3. Rentable o sostenible en el tiempo.

Para los emprendedores dentro de la empresa, los criterios son diferentes:

  1. Existe un mercado grande que demanda la idea
  2. Hay un margen apetitoso.
  3. Se ha probado con clientes.

Finalmente hay otro factor (ajeno a esta selección), para mí el más importante, que poco tiene que ver con lo tangible.

Cuánta pasión tiene el emprendedor y cuánto cree en esa idea.

Estoy hablando de aquello de lo que está hecho un emprendedor, esa mezcla de carácter, intuición e inteligencia que resulta tan difícil de explicar.

Este corto animado que he encontrado en Internet resume de forma muy elocuente lo que acabo de decir. Las aventuras del mini-emprendedor (The Adventures of the Mini-entrepreneur, versión original en inglés):

 

 

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