¿El obituario de las aplicaciones móviles?

Un amigo emprendedor y desarrollador me comentaba el otro día que el problema del mercado de las aplicaciones móviles es lo difícil que resulta tener éxito. Son sólo unos pocos los que ganan dinero con ellas. O dicho de otro modo: no hay sitio para muchos Angry-Birds (así es como se llama el popular juego finlandés para lanzar pájaros enfadados con un tirachinas a cerdos). La competencia por hacerse un nombre en las tiendas de aplicaciones, ya sea la de Apple o la de Google-Android (Windows apenas cuenta) es feroz. Y efímera.

Los analistas del sector tampoco ven buenas perspectivas para las aplicaciones móviles. Al fenómeno actual se le da un plazo. Lo que tarde la nube en materializarse como realidad (y la velocidad de las conexiones a Internet lo permitiese). La particular economía de las aplicaciones, muy fragmentada, no haría sino ver este fenómeno como una simple piedra en el camino.

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A medio y largo plazo no habría una tecnología para móvil y otra para la Web. La tecnología prevalente sería una Web en la nube, capaz de dar respuesta a ambos mundos: el del ordenador y la mesa de escritorio, y el de la tableta/móvil y el sofá.

Hace no mucho tiempo la distribución de las aplicaciones móviles era algo muy diferente. Estaba en manos de los fabricantes de móviles y sus socios los operadores. El post donde un exdirectivo de PalmSource (sistema operativo optimizado para móviles de Palm) reflexiona sobre el corto futuro que tuvieron aquellas plataformas, me ha refrescado mi propia memoria (en torno a 2003 y 2004 trabajé como responsable de producto de aplicaciones móviles en un operador).

La paradoja de entonces era que el cariño que se puso en la tecnología de las aplicaciones móviles (mucho mejor que la Web) no se vio recompensado con ningún éxito (al modo Angry-Birds), que haya perdurado en la memoria. Y creo que los proveedores de aplicaciones que se hicieron ricos lo hicieron porque podían contener sus costes de promoción gracias a la promoción de los operadores. Era posible, por ejemplo, que un proveedor de aplicaciones lograra incluir las suyas en el portal del operador y aparecer así en el 85% de los teléfonos móviles. El mercado de ahora es otra cosa. Y la actividad y la creatividad de los desarrolladores también.

Francamente no creo que la evolución tecnológica vaya a colgar el cartel del obituario para las aplicaciones móviles. Al menos no aquellos creadores que han evaluado bien las tentaciones que ofrecen la variedad de soportes, versiones de sistemas operativos y medios de distribución para su comercialización (costes). Que han comprendido que para el crecimiento en el ritmo de ventas es más importante el desarrollo de nuevos productos y modelos de negocio que la tecnología en sí. El móvil, el PC, la PS3, el MAC, las producciones 3D, las colaboraciones con las empresas del entretenimiento, las actualizaciones de nuevas versiones con nuevas funcionalidades, etc.

Angry Birds es un buen ejemplo al que mirar para aprender.

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